[TRATAMIENTO]

[NO-RES] es un retrato observacional –casi antropológico- de la cotidianeidad en tres momentos clave de un espacio a punto de desaparecer: la Colonia Castells.

La vida transcurre delante de la cámara tal y como lo haría sin un equipo de rodaje presente.

No hay voz en off para redundar sobre lo que vemos, las imágenes hablan por ellas mismas de forma suficientemente clara: nos narran en un lenguaje cinematográfico pequeñas historias vinculadas al espacio.

No hay situaciones forzadas, no hay actores, no hay puesta en escena.

Aún con la ausencia manifiesta del autor en la narración, no se busca una falsa objetividad con tono de reportaje televisivo: [NO-RES] explica una historia -por no decir un cuento- que parte de una empatía absoluta con el personaje principal que retrata: el espacio. Limpieza y sencillez de planos, siempre grabados con trípode y tratados de forma cinematográfica, cuidando la composición. La idealización estética del sujeto de estudio estará presente en todo momento. Los personajes principales son el espacio idealizado de las callejuelas de la Colonia Castells y el ‘enemigo’, que le espera, amenazante, más allá de sus límites: la Calle Entenza.

Protagonista y antagonista se contrapondrán constantemente a través de un diálogo arquitectónico entre la verticalidad y la horizontalidad, la prisa y la calma, el estrépito y el silencio.

El sonido directo se convierte en un punto clave del montaje. Los sonidos típicos de un pequeño pueblo -niños jugando, el cantar de los pájaros, silencios- contrastan de una forma casi exagerada con el sonido penetrante del tráfico de los coches que pasan al lado de la Colonia. Este ruido será una especie de leitmotif, presente siempre en los momentos de mayor dramatismo, hasta identificarlo de forma explícita en el momento clave al que nos conduce toda la película: la nada, el [NO-RES]. El sonido del tráfico es, pues, una anticipación de la tragedia anunciada desde un principio: el final de la vida de un espacio entrañable. A lo largo de la película, este leitmotif sonoro irá subiendo de volumen, hasta resultar insoportable. El contraste se reforzará algunas veces con la contraposición de este silencio con algunos silencios absolutos, igualmente angustiantes. La ausencia de sonido funciona como un recurso discursivo muy potente, sobretodo con algunas imágenes que acompaña (los edificios nuevos, por ejemplo) y como contraste con el sonido intenso del tráfico. Los personajes de esta historia son los propios vecinos del barrio, pero por encima de ellos, el espacio donde viven.

El espacio es tratado como un personaje, a través de una insistencia de planos que se van repitiendo en diferentes contextos y que nos van convirtiendo ciertos rincones arquitectónicos en espacios muy familiares: la Calle Castells, la Calle Barnola, el Pasaje Castells y el Pasaje Transversal.

La mayoria de casas de la Colonia tienen uno o dos pisos, con lo cual el efecto estético que provocan sus calles es muy agradable, como si se tratara de un pueblecito. Se trata, por supuesto, de un espacio inseparable de la gente que lo habita. Por esa razón, resultará un choque verlo completamente abandonado, tapiado y –al final de todo- destruido.

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