[Article a la revista Barcelonès]

Article aparegut a la Revista Barcelonès #5. Març del 2011.
Autor: Ruben Pujol

CIUDAD DIGITALIZADA. CIUDAD SALVADA.

Internet es como los hijos: saca lo mejor y lo peor de nosotros. Un puñado de iniciativas online se resiste a que las Barcelonas que fueron acaben desapareciendo.

La salvación de las viejas calles de Barcelona puede estar en las avenidas de bits de internet. En la sugerente paradoja que propone la sociedad de la información y el conociemiento. Mientras la ciudad se transforma a los dictados del poder económico, el ciberespacio, y más concretamente la blogosfera (aún más libre y caótica), se han convertido en el archivo desinteresado -y principalmente nostálgico- de la Barcelona que va despareciendo. A través de iniciativas exclusivamente personales, podemos observar el proceso de cambio de las calles y edificios de una Barcelona que ya nunca volverá a ser.

Dani Cortijo creó el directorio Barcelonosfera con la intención de poner un poco de orden en la heterogénea y dispersa blogosfera que existe sobre la ciudad, y converstirse así en  un punto de referencia. Esta plataforma aglutina ya 52 blogs de todo tipo, y las demandas de adhesión se acumulan. “Lo que nos mueve es que nuestro trabajo como historiadores llegue a la sociedad y acabe siendo realmente útil”, explica Cortijo, autor de Històries de la historia de Barcelona (L’Arca, 2010) un libro que recoge las pequeñas historias y las anécdotas ignoradas de la ciudad. Cortijo también da continuidad a su labor pedagógica sobre la historia de Barcelona en las rutas temáticas a pie por las calles en la empresa Cultruta.

De alguna manera, la documentación del pasado se convierte en una denuncia del presente. Se trata de iniciativas que nacen en general como una respuesta a la pérdida de la memoria histórica de la ciudad. Motivaciones similares a estas son las que han llevado al cineasta Xavier Artigas a filmar el proceso de desaparición de la Colònia Castells, una de las últimas colonias fabriles que quedan en pie creada en los años veinte en el barrio de Les Corts. “Me interesa la documentación de los supervivientes, es decir, todo aquello que persiste en nuestra sociedad a pesar de ser obsoleto y poco rentable. La crónica de la desaparición de la Colonia tenía todos los puntos para convertirse en el proyecto de mi vida, explica Artigas, que además de realizador es sociólogo.

La identidad perdida

Financiada a través del crowdfunding -decenas de pequeñas donaciones a través de internet de ciudadanos interesados en que el proyecto salga adelante y que se convierten en mecenas- la película [NO-RES] retrata la desaparición de un modelo urbanístico determinado, la ciudad horizontal. “Se trata de una organización del espacio urbano que facilita y fomenta la convivencia con los vecinos en el espacio público -explica Artigas-. De hecho, se trata del único espacio público que aún es público de verdad, en el sentido que los ciudadanos lo usan para todo tipo de actividades colectivas que van más allá del consumo: la calle es el lugar de socialización por excelencia.”

En la voluntad de iniciativas como este documental o el directorio Barcelonasfera convive el recuerdo por el pasado y cierta crítica al modelo de ciudad que se está imponiendo y que, junto a edificios centenarios y espacios públicos, está arrasando con la identidad ciudadana. “El miedo a que no se nos considere suficientemente cosmopolitas, abiertos y alegres ha hecho que realmente renunciemos a parte de nuestra identidad”, opina Cortijo. “Si los turistas buscan sangría y sombreros mexicanos, es porque precisamente se les ofrece eso. Que una ciudad con más de 2.000 años de historia tenga que falsear su imagen es lamentablemente patético.”

Artigas es aún más duro con la actitud de los poderes públicos y los culpa directamente de promocionar sólo los aspectos turísticos y comerciales de la ciudad en detrimento de la convivencia: “Yo creo que Barcelona ya ha perdido su identidad hace tiempo. Todos los que vivimos aquí sabemos que somos los maniquís del escaparate de una tienda que se vende a los turistas. De hecho, creo que es una vergüenza que no se nos pague a los ciudadanos de Barcelona una cuota mensual por ser figurantes de este gran teatro”.”Una ciudad que funciona bajo una lógica parecida a la de un centro comercial no tiene una identidad -continua-. Más bien diría que se ha sabido hacer una metódica disecación de lo que configuraba las identidades de Barcelona. El resultado es un menú de tapas de diseño, como las que ofrecen los nuevos restaurantes típicos de la Barceloneta”. Para Artigas, se trata de una política de simulacro que, comose hiciera con los movimientos contraculturales, se apropia de lo que la ciudad produce de manera natural para neutralizarlo, empaquetarlo y comercializarlo. “Todo queda encerrado en vitrinas, inofensivo, inocuo, rodeado de las paredes estériles del gran templo de la cultura. Esta es la Barcelona del siglo XXI, una Barcelona disecada que vive de lo que un día fue”, opina.

Un nuevo viejo sentido de comunidad

A Artigas, pues, no le mueve un ánimo meramente conservacionista o museístico, sino la idea de que documentando el m0do en que la especulación urbanística e inmobiliaria degrada la calidad de vida de los barceloneses puede servir para que este tipo de situaciones no pasen inadvertidas. “El tema del patrimonio y de la memoria histórica es algo que nos preocupa, pero si la Colonia en vez de cien años tuviera cincuenta, ¿tendría menos valor? Para nosotros, no. [NO-RES] no es una obra optimista, aunque haya una voluntad clara de que de ella se aprenda algo. Quizás ayude a crear conciencia y evitar que estas cosas sigan pasando con toda impunidad”.

Algo más conciliador, Dani Cortijo considera que la necesidad de las grandes cosmópolis como Barcelona por progresar no implica que deban renunciar a su identidad: “La modernidad no va reñida con el hecho de conocer el pasado. De hecho, la historia lo que nos permite es aprender de los errores e inspirarnos en las virtudes. A veces es curioso ver cómo una sociedad puede llegar a caer en los mismos errores que ha cometido en el pasado por el simple hecho de considerar moderno avanzar a palos de ciego sin analizar su experiencia”.

Tanto Barcelonasfera como [NO-RES] son productos que promueven un nuevo -o sería mejor decir viejo- sentido de comunidad, un regreso a los problemas inmediatos que nos ocupan a nosotros y a nuestros vecinos. Así, los mismos instrumentos que sirven para propagar la globalización, pueden ser utilizados para llevar a cabo proyectos locales. “En los momentos difíciles, la gente siempre ha recurrido a la ayuda de los más allegados -explica Cortijo-. En ese sentido el sentimiento de barrio y el tejido asociativo se ve fortalecido y eso genera la demanda de conocer el pasado del entorno inmediato.” En una decisión coherente con esta filosofía, Artigas y su productora Metromuster han optado por el crowdfunding y por distribuir la película a través de derechos Creative Commons en lugar de la comercialización convencional. Su objetivo con ello es conseguir la máxima difusión posible: “Sin derechos exclusivos de difusión o exhibición, nadie está dispuesto a financiar un proyecto de estas características. Digamos que la nuestra es una apuesta que rompe el esquema tradicional que sustenta la industria cultural en el capitalismo moderno, en el que se trata a los bienes culturales como si fueran productos limitados, como el petróleo, el café o el trigo”. “Hoy en día las películas ya no son objetos, sino información -continúa Artigas-. Este nuevo sistema de financiación no apuesta por el mero consumo de la cultura, sino que se explica más bien desde la inversión por parte de los consumidores culturales para que se hagan proyectos con los que se identifican.” Con todo, el realizador considera que la cultura subvencionada con recursos públicos no sólo es deseable, sino que es un derecho de los ciudadanos: “Por supuesto creemos en las ayudas públicas. Todos los ciudadanos invierten en cultura a través de sus impuestos, les guste o no. La industria cultural entiende la cultura como un producto más del capitalismo, un producto que hay que comprar. El resultado de esto es que el ciudadano tiene que pagar dos veces para acceder a la cultura subvencionada. Nosotros defendemos plenamente la cultura subvencionada, pero creemos que ésta debe ser gratuita o por un precio muy accesible. Esta es nuestra apuesta.”

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